La cigüeña se cogió un atajo

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Regálame un silencio para dos, regálame también tu corazón que de desilusión ya tengo el bolso lleno.

India Martinez

Buenos días desde Alemania.

Hoy, aunque ha amanecido lloviendo y el cielo se ha pintado de gris muy oscuro, mi ánimo está un poco más subido que todo este último mes, y es porque nuestra bebé va subiendo de peso poco a poco, cada vez está mejor y cada día visualizo un poco más su llegada a casa. Aunque no me da la vida para nada, estamos ultimando los detalles de su habitación, pegando estrellitas, colgando cuadros y decorando.

La semana pasada la pasaron aquí mi hermana con mi ahijada y mi padre, la verdad es que con ellos a una se le cargan las pilas y te das cuenta, por muy difícil que sea que, la vida no empieza y acaba en el hospital, (como nos pasa a todas las que estamos allí pendientes de nuestro retoño).  Ya ni me acordaba lo que era estar con mi hermana, mi madre y mi padre riendo sin parar, comiendo a domicilio tirados en el sofá de cualquier manera disfrutando sólo de nuestra compañía.

Cualquier persona que haya pasado por la misma situación que yo, entenderá perfectamente y habrá vivido en sus propias carnes la sensación de ser una “mala madre” cuando cierra la puerta de la habitación donde con tanta paz e ignorancia descansa su bebé. Y aunque hagamos mucho bien allí también tenemos una vida a la que debemos prestar atención, como empezar arreglar todo el papeleo de la maternidad, el “vaterschaftsanerkennung”  o el “zustimmung” que solamente se hace si eres madre soltera y es básicamente dar fe de que, mi pareja, en este caso, es el padre de mi hija, no basta con ir sólo al registro civil y registrarla, es un poco más complicado, y si el funcionario tiene un mal día se puede retrasar algo más todo el proceso.  También hay que prestarle atención al padre de la criatura que aunque no haya dado a luz lo pasa igual de mal que tú, y no ayuda dejar la casa ausente, apoyarse el uno al otro y decirnos que estamos juntos y como siempre, desde hace siete años venimos haciendo, saldremos adelante.

 

La cigüeña se cogió un atajo

Érase una vez en un pueblo de Andalucía, una pareja muy humilde con un único sueño;  ser padres.

Corría el año 1945 cuando María, después de cuatro abortos, le comunicaba a su marido que se había quedado embarazada de nuevo, estaba de tres meses y no se lo había dicho antes por el miedo a perderlo de nuevo, quería ahorrarle de nuevo ese sufrimiento innecesario.

María era una mujer hermosa, cumplió su sueño de casarse en la Iglesia de su pueblo con el hombre de su vida, pero no poder darle hijos le consumía por dentro. No se sentía una mujer completa, le mataba la idea de no complacer a su marido y vivía con el miedo de  que éste algún día pudiera irse con otra que sí pudiera darle todo; sin embargo a el lo único que le importaba era que su mujer fuera feliz, no importaba ampliar la familia, él siempre la animaba diciendo que estaban muy bien solos, no les hacía falta nadie.

La barriga de María poco a poco fue creciendo cada día más, primero fueron los mareos, las náuseas  vómitos, después los cambios de humor, pero con el paso de los meses desaparecieron todos esos sintomas típicos del embarazo. María era feliz,  estaba orgullosa de su maravillosa barriga, ésa que paseaba todas las tardes por el parque haciéndose eco entre todas las mujeres del pueblo. Pero la suerte de la buena de María corría grave peligro, sin esperarlo un día cualquiera rompió aguas, era demasiado pronto y el miedo la invadió, en aquel momento no había nada en aquella casa que la pudiera auxiliar. Después de ocho horas de dolorosas contracciones María daba a luz a su maravillosa hija Isabel, a pesar de que estaba en la semana 34 de embarazo, Isabel nació con un peso razonable.

Dolorida, angustiada y desolada, María se levantó del suelo donde había traído a su bebé al mundo , su camisón blanco se tornó rojo, todo estaba lleno de sangre, pero ella, que era una superviviente se puso en pie y buscó algo en el que meter a su diminuta criatura. En el altillo del armario encontró una cesta de mimbre con la que normalmente iba al mercado, calentó una cazuela llena de agua y cuando ésta estaba suficientemente caliente metió sus manos y las lavó. Cuando pensó que estaban desinfectadas enrolló dos mantas y las colocó con mucha delicadeza en la cesta,  acto seguido metió a su bebé dentro y cansada se tiró al suelo de nuevo. Su marido llegaría un poco más tarde a la casa para encontrársela desangrada en el suelo.

María supo darle vida a Isabel, el mejor calor y el mejor hogar que pudo darle era su pecho.

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He tenido tanta suerte que estaba esperando que llegara la hora de pagar el impuesto.

 

 

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1 thought on “La cigüeña se cogió un atajo

  1. Es una historia triste Carmen, ahora hay que estar alegre porque todo se va enderezando y pronto la tendreís en casa, Un beso.

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