Muy mía

De mis disparates de juventud lo que más pena me da no es el haberlos cometido, sino el no poder volver a cometerlos.

Pierre Benoit

 

Buenas tardes a todos desde Alemania.

Antes de empezar quiero dar las gracias a El poder de las letras por esa entrevista que me hicieron hace una semana y que salió publicada el pasado sábado, ha sido un verdadero placer trabajar con Marijose y ser parte por de esta página tan necesaria y llena de magia. Aquí os dejo el enlace para que podáis leerla.

https://wordpress.com/read/feeds/43513255/posts/1157473972

La semana pasada fue el cumpleaños de alguien muy especial para mí y para mis amigas, alguien que por desgracia no podrá soplar velas ni pedir un deseo, este día ha sido el causante de que esta semana estuviera llena de mensajes de mis amigas en ese grupo de Whatssap que todos tenemos. Han reinado las fotos de antaño, las anécdotas y las risas. Al verlas, aunque me han horrorizado aquellas pintas y la moda tan espantosa que llevábamos, no he podido evitar sentir nostalgia y por un momento transportarme a aquella época. Ese periodo mágico y único que es la adolescencia, donde todo da exactamente igual, donde vivimos al límite creyéndonos que todo lo sabemos, que todo lo podemos, donde amamos y sufrimos el desamor como si pensáramos que fuéramos a morir de amor. De repente me he sorprendido escuchando la misma música que oía antes, y me han producido unos sentimientos que son imposibles de explicar.

He de decir que conservo a muchos amigos de aquel tiempo pero también algunos, como yo, cogimos caminos diferentes, si leen este blog, que sepan que de todos guardo un recuerdo maravilloso, y me alegro de todo lo bueno que les pase.

Esta es una de esas fotos.

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Las otras las dejaré guardadas por que son insulto para la moda actual 😉

Como leí hace poco; todos los cambios, hasta lo más ansiados, llevan consigo melancolía.  No cambiaría ni un momento, ni un instante, ni una persona ni un lugar. Todos los sitios a donde he ido, que he visitado, cada persona que he conocido y cada decisión que he tomado me han llevado aquí, a este lugar tan cómodo, a este momento tan dulce, a esta persona tan especial. No cambiaría nada si eso conlleva dejar de ser yo.

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Ahora voy a cambiar radicalmente de tema para contaros algo sobre un libro que me regaló mi padre antes de volver a Alemania. Mi padre, Antonio. Es una de las personas que más admiro en el mundo. Es un  “tío” de los que ya no quedan y de los que hacen mucha falta en este mundo de “Pokemons”.Él hace cada año dos o tres veces el camino de Santiago, y no tanto por las creencias religiosas, que también, pero más por la experiencia, por el sacrificio y la recompensa, por las amistades, por los paisajes. El libro es SUPERPACO, un hombre de campo, un hombre que no corre para ganar, que corre para terminar la carrera. Paco quiere enseñarnos que para hacer cualquier cosa solo se necesita voluntad, este libro despierta muchas ganas de hacer todo y vivir. Paco tiene 78 años y es un idolo para todo el que se ha cruzado con él y cada persona a la que he conocido. Cuando mi padre me regaló este libro me reí y pensé, ” no va nada conmigo” pero tiene un transfondo, y a cada página que giro, cada foto de él y su familia, cada historia que cuenta soy más fan de este hombre. A todos los deportistas que necesiten una motivación les recomiendo este libro. SUPERPACO -Kilómetros de vida-.

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Os dejo un  extracto de la novela en la que estoy trabajando. Que tengan un bonito miércoles.

Una carta para la eternidad

-Odio a los hombres como tú, odio a los hombres que odian a las mujeres. Tú eres uno de ellos, de los que piensan que estas son de su propiedad y pueden hacer con ellas lo que les plazca. Eso no se llama amor, se llama odio, retener a alguien a quien haces totalmente infeliz, alguien a quien haces llorar y sufrir, a quien pegas y humillas. Has cometido un error, pues esto no se le hace a alguien a quien amo yo, y yo sé amar de verdad. –Le dije mirándole a los ojos sentada al frente de él.

Se había despertado hacía diez minutos aproximadamente, se sorprendió al verme delante de él con mi mirada clavada en sus ojos. Estaba indefenso, me recordaba a la tía. Escuchó atentamente lo que le dije, y aunque por un segundo pensó que quizá bromeaba, pronto entendió que no.

Me levanté y me fui a la cocina, cogí un cuchillo y volví de nuevo a mi silla, me arrodillé ante él. Me miraba extrañado y con miedo, pero no decía ni una palabra, pensaría que no era capaz de utilizar la herramienta, pero se equivocaba. Le rajé el empeine de su pie derecho, y la palma de su mano izquierda. Lloraba de dolor, pedía que le dejara en paz, haría todo lo que le pidiese, decía. Obvié su deseo, y seguí, haciendo un leve corte en su barriga, le susurré al oído:

Say: I won’t hurt a women anymore.

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2 comentarios en “Muy mía

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